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SAN MIGUEL SAN MIGUEL ÁRCANGEL
Protector del Pueblo elegido y defensor de la Verdad y de la Iglesia contra el maligno Por estas prerrogativas particulares, el Señor se lo indicó a nuestro Padre como Patrono de nuestra Familia Ecuménica y en modo especial del Movimiento Mikael (del Italiano MICHAEL)

El siguiente es un escrito de nuestro venerado Padre Fundador, dónde describe su devoción por San Miguel Arcángel

MI DEVOCION POR SAN MIGUEL ARCANGEL
El 29 de septiembre de 1924 -cuando en,aquel entonces mi familia tuvo que hacer "su San Miguel", trasladándose de Felonica Po, donde había terminado su contrato agrícola, a Sustinente, donde debía co­menzar otro- fui profundamente sorprendido y edi­ficado al ver a todo el pueblo de Sustinente festejar tan solemnemente al arcángel San Miguel, titular y patrón de la Parroquia.

Puedo decir que es preci­samente desde ese día que yo comencé a invocar a este querido protector, y fue entonces cuando entró oficialmente en mi vida y en mi devoción personal, con gran beneficio de mi alma y cuerpo. A San Miguel Arcángel desde entonces, me he dirigido con sen­timientos de profunda veneración y de inmensa confianza en su poderosa intercesión ante el Señor, para ser librado de todo mal y defendido de los espíritus malignos, y nunca he sido defraudado. Mi perma­nencia en Sustinente me ayudó muchísimo en la de­voción a San Miguel Arcángel misma que creció mucho más durante la última guerra mundial y durante mi permanencia en Ostiano; una devoción firme, pro­fundamente teológica que me ha llevado más direc­tamente a Dios y a su Divino Hijo Jesús, por cuya soberanía San Miguel Arcángel, como nos enseñan los exégetas bíblicos al comentar su grito de guerra MI-KA-EL (¿Quién como Dios?) venció a los ángeles rebeldes, para que solo El, Cristo-Dios, tuviese la primacía sobre todos, con su Reino de amor, de justicia y de paz. Fue entonces que comencé a sentir el deber de dar forma a lá fundación de un movimiento de almas fervientes y generosas, fundación que el Señor, aún en embrión, me estaba sugiriendo desde mi juventud, cuando estaba en el seminario de Man­tua, de tal manera que no podía ver casa o iglesia desocupada, sin sentirme movido a pensar que ésta o aquella pudiese llegar a ser una base de inicio de la nueva fundación.

En Ostiano, después y, cada vez que me recogía en oración ante el altar del Santísimo Sacramento -que está puesto en el centro del presbiterio y ante un colosal y maravilloso retablo que cubre toda la pared y representa la victoria de San Miguel Arcángel sobre los ángeles rebelde- no podía hacer menos que pensar en la misión de defender a las almas contra las seducciones de satanás y de los espíritus malignos que infestan el mundo.

"Oh -me decía frecuentemente a mí mismo, y releo ahora en una página de mis notas íntimas- si fuera posible formar, también aquí en la tierra, una multitud de ángeles en forma humana, un movimiento de espíritus generosos, hombres y mujeres que sean... que revestidos con la armadura de la fe y la coraza de la humildad e inflamados del amor de Dios, se muevan unidos a las órdenes del dulce Cristo en la tierra, el Papa, para atraer todas las cosas a Cristo, para que se haga un solo Rebaño con un solo Pastor" Esos -continúo leyendo en mis notas íntimas- no cris­talizarán en una sola forma o un solo sistema de actividad apostólica; aprovecharán su propia profe­sión con inteligencia, habilidad y creatividad, y adop­tarán toda iniciativa e invención, no desaprobando nada, sino aprobando todo, porque en todas las co­sas y en toda persona, hay siempre un lado bueno sobre el que se puede hacer palanca para que todos los hombres y todo, sea renovado en Cristo. "No­sotros, vuestros militantes -así se concluye mi nota del 31 de octubre de 1943 -trabajaremos hasta de­rramar la sangre, con todo buen medio, en todo el mundo, (de hecho, hasta ahora, he estado en casi toda Europa, en América y en Oriente) para formar una cruzada y para agitar una bandera -la de la fe- a cuyo seguimiento y bajo su sombra se formarán sus militantes, los intrépidos, los fervorosos y fieles al Papa, los decididos a todo, para hacer triunfar; en el Oriente y en el Occidente, a Cristo..."

"Esta es mi misión: in hoc natus sum ...quia vocavit me Deus". "Quien hoy -decía hace treinta años- en medio de tanta invasión de odio y de horror, de vicios y errores, no se inquieta y no hace fructificar todo lo que Dios le ha dado, voluntad, inteligencia, salud y medios, aún los materiales, para cooperar a la llegada de su Reino, no puede decirse cristiano y menos cre­yente. Quien puede actuar y no lo hace o más aún limita su acción solamente a la oración o a la condena estéril del tiempo en que vivimos es culpable por traicionar su propia vocación humana y divina".

Este es un poco el trasfondo espiritual de mi devoción a San Miguel Arcángel y de mi vocación sacerdotal ecuménica que he debido, aunque sea brevemente, contar para darles una idea al menos aproximada de los providenciales sucesos de los que se ha servido el Señor para su citar el M.I.C.H.A.E.L. (M: Milicia I: Internacional C: Cristiana H: Humildad A: Amor E: y L: Labor (trabajo)

EL PADRE

ORACION A SAN MIGUEL ARCÁNGEL


Oh glorioso Patrón nuestro San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia Celestial, que has sido puesto por la Divina Providencia para defensa perenne de la verdad, defiende y protege también nuestra Obra y a todos nosotros Pequeños Obreros del Señor, los cuales nacidos en tu nombre y animados por tu poderoso patrocinio, nos consagramos incondicionalmente, bajo la invencible bandera de Dios, al servicio de la Jerarquía Eclesiástica, para defender y exaltar con todos los medios posibles, aún a costa de nuestra propia sangre, al Sumo Pontífice y a la Santa Iglesia Católica, Cuerpo Místico de Cristo y nuestra amada Madre Universal, a fin de que se haga pronto de toda la humanidad un solo Rebaño, bajo un solo Pastor. Amén.