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SAN JUDAS TADEO SAN JUDAS TADEO, APOSTOL
Protector de nuestra Obra. La devoción a San Judas Tadeo, fundador y rector de Iglesias de Oriente, además de unirnos a nuestro Hermanos Orientales, ha sido y es para nosotros fuente de gracias extraordinarias; a El le hemos dedicado nuestra Casa Madre, la “Cittadella Ecuménica” de Riano, denominada “TADDEIDE”.

LA DEVOCIÓN DEL PADRE A SAN JUDAS
… la vigilia de la fiesta de Sn. Judas estaba trabajando con todos mis trabajadores en el Templo para llevar a término la última mano y los retoques más indispensables. Mientras trabajaba tenía el alma en pena y la cabeza llena de preocupaciones porque aquella noche se cumplía la quincena salarial de mis obreros y tenía un monto de 300 000 liras, y yo no tenía ni una. Os dejo imaginaros cuan desesperado estaría. Mientras corría de una parte a otra para llevar la cal, el cemento, etc., a los albañiles, dentro de mí decía a mi querido Sn. Judas: “Yo esto trabajando por Ti; estoy cansado por la fatiga, pero extraordinariamente contento de consumirme por tu gloria y por tu culto; pero, Tú, Sn. Judas, ¿porqué me dejas quemar a fuego lento y desesperar de esta manera? ¿No ves y no sabes que no tengo ni siquiera una lira para los trabajadores que han trabajado por Ti? ¿Puedo yo despacharlos a pasar tus días de fiesta con las manos vacías, es decir, sin su bien merecida quincena? ¡Vamos, ayúdame! Tenía todo el día descabezándome y rezando de este modo, pero, llegadas las 8 de la noche mis invocaciones comenzaron a ser más intensas y más insistentes y justo cuando dialogaba de este modo con Sn. Judas, me vinieron a decir que al atrio del Templo había llegado un coche de Nápoles con cuatro personas que deseaban hablar conmigo. Me volví gozoso y lleno de confianza a la estatua de Sn. Judas y casi en voz alta, de hecho me oyeron todos los que estaban cerca de mí, dije ¿Eres tú, Sn. Judas, quien me los das? Hijitos, dije a los trabajadores que escucharon mi extraña pregunta a Sn. Judas, faltan pocos minutos para terminar la jornada y aún no tengo ni siquiera un centavo para daros, ¡esta vez o “la va o la spacca”!

Veamos si Sn. Judas está contento del trabajo que hemos hecho.
En el atrio de hecho, estaban cuatro personas: los señores Baccari, con sus esposas, venidos de Nápoles para participar en los festejos de Sn. Judas Tadeo. Visitado el Templo mientras los trabajadores todavía atendían a la limpieza y a reordenar los bancos se encaminaron a la salida manifestando su admiración por el tamaño y la belleza de los trabajos realizados. Llegados a la puerta uno de los Baccari se separaba del grupo y acercándose a su señora noté que con palabras y con gestos, emocionado y apresurado le decía en voz baja: ¡vamos, dáselos ahora; quizás los necesita enseguida; no esperemos a mañana, le darás un verdadero placer, verás!

La señora, de hecho, se apartó, abrió su bolsa y sacó un envoltorio en papel naranja y acercándose a mí – Padre, dijo, ¿quizás usted debe pagar a los trabajadores esta tarde? – Sí, si señora, le dije sin agregar otra palabra – tome esto por ahora; mañana le daré otro. Entregándome el envoltorio me saludó y con el marido y la otra pareja se fue al albergue saludando festivamente mientras yo confuso y conmovido no hacía más que gritar repetidamente mis “gracias” más sentidas y conmovidas.

Regresé al Templo, los trabajadores que estaban en grupo y hablaban en voz baja entre ellos, apenas me vieron, me rodearon callados, pero deseosos de saber si… Sn. Judas había quedado contento de su trabajo. – Esta vez ha salido hijitos, les dije, y así diciendo abrí apresuradamente ante sus desorbitados ojos el envoltorio y empecé a contar: uno, dos, tres, … once … veintisiete, TREINTA: treinta billetotes de diez mil liras… y si ustedes mis amadísimos amigos y devotos de Sn. Judas no me creen, pregunten a mis trabajadores que fueron testigos y quedaron literalmente maravillados! ¿Y yo? Infinitamente más que ellos, les pagué a todos, quedando nuevamente sin una lira, y los despedí a todos estrechando a cada uno calurosamente la mano.

A la mañana siguiente mis queridos trabajadores vinieron todos a los santos sacramentos y a la Santa Misa para honrar quizás, por primera vez, a Sn. Judas Tadeo: un santo al que quizás no habían rezado nunca y, quizás, ahora conocido en persona a través del episodio prodigioso que indudablemente no olvidarán nunca.

Cuando en la Misa solemne mencioné este episodio, la señora y el esposo protagonistas inconscientes pero inspirados por esta conmovedora y prodigiosa delicadeza de Sn. Judas Tadeo, quedaron profundamente sorprendidos y conmovidos… hicieron otro tanto.

EL PADRE


ORACION A SAN JUDAS TADEO


Oh glorioso Apóstol San Judas Tadeo, soy una pobre alma afligida de innumerables pecados, penas, necesidades y preocupaciones que me hacen cada vez más difícil y casi imposible la vida. Sinceramente arrepentido de todas mis culpas y necesitado de una verdadera conversión, recurro confiadamente a ti, que eres el patrono y protector en los casos desesperados para que me obtengas del Señor las gracias materiales y espirituales que tanto necesito para no caer en la desesperación terrena y en la condenación eterna. Oh San Judas Tadeo, ve y provee, te suplico. Por Cristo nuestro Señor. Amén. (El Padre)