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Carmine María Ranieri


CARMINE M. RANIERI

Nació el 9 de febrero de 1939, sus padres Antonio y Julia Angelina, en Cutro (Catanzaro), fue bautizado el 9 de abril de 1939 y confirmado el 4 de abril de 1950.

Cuando asistía a clases de primaria y secundaria, en los primeros de octubre de 1953 entra como aspirante en la Familia religiosa de los Pequeños Obreros, Misioneros Ecuménicos en Taddeide de Riano (Roma) donde comenzó de inmediato con edificante empeño y con escrupulosa observancia un intenso trabajo en la propia formación moral, espiritual y cultural. La Iglesia, el Papa y la Obra eran los tres grandes ideales que Carmine cultivaba sistemáticamente fortaleciéndose siempre de nuevas energías morales y espirituales que obtenía de su gran y tiernísima devoción a Jesús Crucificado y Eucarístico, y a la Inmaculada Virgen María Santísima Madre de la Iglesia.

Después del año de noviciado, transcurrido en edificante ascesis espiritual, el 8 de septiembre de 1957, fiesta de la B.V. María, emitía su Primera Profesión de votos simples (temporales) de obediencia, castidad, pobreza y absoluta e incondicional fidelidad a la Santa Sede Apostólica.

En aquel mismo año, en sus notas intimas había escrito “Sí, la vocación la tengo, pero a sacerdote no llegaré, no sé por qué; tengo el presentimiento que moriré… No me importa morir joven, pero que muera en su santa gracia”.

Modelo extraordinario de observancia religiosa y de fidelidad a la propia vocación, alma cándida de pureza angelical. Ejemplo sublime de heroica y misteriosa dedicación por el retorno a la unidad visible de todos los cristianos de oriente y de occidente para que le mundo crea en Cristo.

Se ofreció victima al Señor por sus tres grandes ideales, el 20 de agosto de 1958, en la cima del monte Terminillo (Rieti), moría como verdadero holocausto de expiación y de propiciación ecuménica.

“Ustedes quédense aquí – dijo a sus novicios, con actitud autoritaria e imperativa, poco antes de morir – yo voy a buscar ayuda”.

La ayuda la esta distribuyendo desde el cielo incesantemente a quien se la pide con confiada insistencia y si intenta imitarlo.

De sus escritos

  1. Perdóname Jesús mío, y no me juzgues según mis meritos.

  2. Deseo, Jesús mío, que aquello que de mi queda desaparezca en ti, para que yo me convierta en otro Tú.

  3. No basta que yo evite el pecado, debo hacer el bien, creciendo en la virtud, porque si me detengo, retrocedo.

  4. Jamás mi corazón para otros Jesús mío; prefiero que me hagas morir.

  5. Yo deseo quedarme, quiero quedarme en esta Santa Casa, porque siento que, con la ayuda divina, puedo llevar

  6. todas las cargas que se necesitan llevar: ellas no me espantan.

  7. Quiero ser primero santo y después sacerdote.

  8. Quiero ser santo aquí, en esta Casa y expulsar toda tentación que venga en contra de esta decisión.

  9. Yo no siento la vocación, pero la quiero y no quiero regresar atrás aunque sea continuamente torturado por las tentaciones más brutales y las inclinaciones más innombrables.

  10. La juventud se hace fuerte y noble por las prácticas de piedad, por la vida interior y la intimidad con el Señor.

  11. Nuestra Regla es el Amor; nuestro medio es la oración; nuestro fin es el holocausto.

  12. Un solo pensamiento me domina: ¡Dios!, una sola aspiración me estimula: ¡amarlo!, un solo deseo me atormenta: ¡poseerlo!

  13. Cada lugar, cada cosa, cada acontecimiento, el verdadero religioso lo aprovecha para dar gloria a Dios y en beneficio de su alma, manteniéndose en contacto con Jesús mediante jaculatorias, comuniones espirituales y actos de amor.

  14. El amor a la Virgen suple a todas las ciencias.

  15. En la devoción solida y ardiente a la Virgen Madre de Dios se resumen todas mis devociones: de hecho para todo el que vive la devoción mariana sincera y profundamente, se siente impulsado a velar, a orar y a acercarse al tribunal de la Penitencia y a la Eucaristía.

  16. La Comunión (Eucaristía) es la fuente de toda mi fuerza.

  17. Cuanto más me voy adentrando en el campo de la Unidad de la Iglesia, tanto más constato que son verdaderamente pocos aquellos que se entregan a este fin.

  18. Los cristianos se pueden convertir a la unidad solo si nosotros nos hacemos cada vez más buenos, porque solo así son más ayudados por la gracia de Jesús.

  19. El apóstol debe defender y difundir la verdad; y yo, ¡oh Jesús mío!, con la ayuda de tu Santa Madre, Te defenderé, porque quiero llegar a ser un apóstol.

  20. El mundo tiene más necesidad de hombres crucificados, que de hombres predicadores.

  21. Nuestro camino es Pedro: el Papa.

  22. Se debe uniformar a la voluntad del Superior incluso en el pensamiento.

  23. Que no se haga mi voluntad sino aquella del Superior que es la de Jesús. Sí así quiere Él, así quiero también yo. Así es feliz Él, así soy feliz también yo.

  24. ¡Oh Jesús cuanto quiero amarte!

  25. Dame amor, amor, amor, amor: nunca me cansaré de pedírtelo; amor, ¡oh Jesús amor!