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Giuseppe Maria Vullo



GIUSEPPE VULLO

Nació el 18 de mayo de 1932 en San Cataldo de Caltanissetta. Entró en nuestra pequeña Obra en agosto de 1948, se aplicó de inmediato con gran empeño sea la vida de piedad como al estudio y trabajo manual – que fue siempre una de las características de nuestra casa – se distinguió siempre por su vida devota, por su agudeza de ingenio y por su dedicación al trabajo, dominado siempre por una intensa piedad mariana y eucarística, y una obediencia ciega, pronta y alegre. Era de una humildad y caridad sorprendentes.

El 25 de marzo de 1949, mientras salía del estudio para continuar con el catecismo de los niños del oratorio, recibió un golpe de una gruesa viga de madrea en el cráneo, quedándole paralizada toda la parte derecha del cuerpo.

Sobrevivió milagrosamente 11 meses, en medio de fuertes dolores físicos e indescriptible sufrimiento moral, dando ejemplo de imperturbable serenidad de espíritu, de intensa vida interior y de grandísima devoción al Santísimo Sacramento del Altar, donde pasaba días enteros en edificante adoración. Su existencia se convirtió como en una lámpara de aceite que se consumía lentamente, irradiando luz de profunda humildad y calor de caridad intenso, en oblación generosa por el retorno de los hermanos cristianos a la plena y visible unidad, por lo cual se ofreció como víctima amorosa.

De sus escritos:

¡Oh Señor Jesús!, dame el amor a la Cruz. No una cruz que se alimente del esplendor del amor propio, sino de aquella cruz hecha de contrariedad, de fracasos, de abandono, de privaciones, de frialdad e impaciencia o de rechazo y desprecio de parte de los otros… con esta cruz ¡oh Señor! sabrán que te amo y te sigo. Aunque mi naturaleza humana tienda a rebelarse bajo el peso de esta cruz, quiero ¡oh Señor!, llevarla sin reservas, paraqué tu voluntad se cumpla perfectamente en mí.

Quiero que mi vida sea toda y continuamente ofrecida a ti ¡oh Jesús! No te debes transformar tu en mi, sino yo en ti. Tú serás quien en mi sufre, quien en mi ora, y quien en mi vive, por el Padre y con el Padre en unión con el Espíritu Santo santificador.

Oh Señor que yo sea un verdadero tabernáculo viviente, el templo donde la augusta Trinidad se complace de habitar.

Dios se vale con frecuencia, de circunstancias dolorosas para sus grandes designios. Es necesario abandonarse enteramente a su admirable y santísima voluntad, cuidar que no sea yo quien se preocupe y tome el futuro en mi mano, queriendo sustituir mis ideas, mi voluntad, etc.… a su sabiduría divina.

Es tanto el gozo, diría casi la embriaguez, que pruebo en el sufrir por el Señor y en llevar en todos los momentos mi cruz, que casi quisiera pedir que la aumente, ¡auméntala Señor! Pero no, me confío a tu divina y paterna disposición, nada quiero pedir, y nada quiero rechazar.

Me evito todo honor, que queriendo ser yo todo absolutamente del Señor hasta el final, se necesita que conforme, mejor aún uniforme, es más identifique mi vida con aquella de Jesús Crucificado.

Murió el 27 de febrero de 1950 en plena conciencia de sus facultades morales e intelectuales y contento de sus holocausto, mientras entorno a él el Padre y los primeros hermanos Oblatos renovaran sus tres votos ordinarios de pobreza, castidad y obediencia y el voto extraordinario de fidelidad incondicional al dulce Cristo in terra, el Papa, y la Sede Apostólica.